domingo, 8 de marzo de 2015
Futbolistas colombianos en España
Si se le pregunta a un colombiano si conoce a estos dos futbolistas de la imagen, les pondrá nombre en un santiamén, James Rodríguez y Carlos Bacca, jugadores del Real Madrid y Sevilla respectivamente. Son, posiblemente, las dos máximas estrellas cafeteras que impregnan de buen fútbol los estadios españoles.
En total son cinco los colombianos que juegan la primera división de la liga española. Aparte de los dos mencionados, hay que destacar a Fredy Hinestroza, en el Getafe; y Jeison Murillo y John Córdoba, en el Granada.
Pero ¿cuántos colombianos hay en todas las divisiones del fútbol español? Más de lo que se puedan creer. Como ya se ha dicho, hay cinco en la liga BBVA, dos en la liga Adelante (la 2ª); tres en la Segunda División B, ocho en la Tercera División y 17 en las categorías juveniles de diferentes equipos. De estos últimos, ocho fichas corresponden divididas en partes iguales entre el Atlético de Madrid y el Rayo Vallecano. Todo estos números suman 35.
De los países europeos España es en donde más cafeteros han recalado, quedando por detrás Portugal o Italia. Sin embargo, en donde hay más colombianos con mucha diferencia es en Argentina, un total de 57. En líneas generales hay muchos más en los campeonatos latinoamericanos que en europeos o de cualquier otra parte del mundo. Pero hay muchos representantes del fútbol criollo repartidos por el mundo.
Casi se podría decir que, junto a insumos como las esmeraldas o el petróleo, un tercer producto de exportación, gracias al cual Colombia ingresa importantes divisas, son los jugadores de fútbol. Estaría bien conocer, ya no sólo la entrada pecuniaria gracias a las estrellas, sino conocer también lo que ha entrado en las arcas futbolísticas y, por ende, estatales, gracias al resto de los jugadores y, sobre todo, de los juveniles. Seguro que más de un cero habría.
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sábado, 31 de enero de 2015
Reforma agraria en Colombia
En este mismo blog, en febrero de 2014, expuse mis sensaciones
tras haber leído el libro ¿Por qué fracasan los países?, de James A. Robinson y Daron Acemoglu. Una vez más lo
recomiendo vivamente.
El primero de los autores, Robinson ha publicado hace poco tiempo sendas
columnas en el periódico El Espectador, de Colombia que se llaman ¿Cómo modernizar Colombia? y Colombia: ¿esta vez es diferente? En ambos realiza una
descripción de las necesidades para el futuro desarrollo económico colombiano,
tomando como base la necesidad –o no- de una reforma agraria. Me gustaría hacer
una reflexión sobre lo leído.
Dos ideas que subyacen de ambos textos, yo lo veo así, es
la necesidad de llevar a cabo una descentralización del Estado y la más que
imperiosa obligación de involucrar a las élites sociales para conseguir el desarrollo
poblacional y estructural. Parte de la equívoca política gubernamental con
respecto al reparto de las tierras y pone como ejemplo la localidad de El
Salado, en el departamento de Bolívar.
Además, se basa en ejemplos pasados en Mauricio o
Barbados en donde las mismas élites sociales mantuvieron su status en todo
momento. Esto lo engarza con lo sucedido en Inglaterra durante la Revolución Industrial,
en el siglo XVIII, cuando grandes cantidades de trabajadores abandonaron el
mundo rural y se asentaron en las ciudades, donde se desarrolló una creciente burguesía
urbana que dinamizó la economía con sus inversiones. Mientras tanto, la
importancia económica del campo quedó poco a poco relegada a un segundo plano.
Robinson no entra en detalles, sólo los expone. Lo que
comenta es muy cierto, aunque a día de hoy, es de difícil implementación en
Colombia. ¿Por qué? Porque mientras que en la Inglaterra del siglo XVIII ya se
empezó a dar y se extendió por toda Europa y Estados Unidos, en Latinoamérica
en general aún no se ha dado: la separación de élite política y élite social. A
lo mejor en Bogotá no está tan marcado, pero en los departamentos y en las
zonas rurales es el pan nuestro de cada día. La clase política no se diferencia
en gran medida de los grandes hacendados, lo que provoca que éstos, que son los
mismos que aquellos, mantengan al pueblo en general con unos niveles siempre
bajos. Y no sólo hablo de dinero, sino también a la formación.
Recuerdo escuchar a varios políticos henchidos de orgullo
hablar de que el acueducto (agua potable) llegaba a casi el 100 por ciento de
la población o de que el gas mantenía una cobertura más que notable. Vale,
bien, pero es que era un sonsonete que no se cansaban de repetir una y otra vez
sin darse cuenta que el pueblo tiene unos derechos más allá de los lógicos y
obvios.
Entro aquí en el problema de la educación. A las élites
colombianas no les interesa mejorar de verdad, de raíz, los derechos laborales
ni, por supuesto, la formación académica del país. Cierto es que hay un sinfín
de universidades, pero cada vez más privadas y con unos costes prohibitivos no
sólo para el colombiano de a pie, sino también para muchos europeos o
estadounidenses. Muchas son las necesidades sociales de Colombia, pero la
inversión en una educación pública y de calidad desde la base hasta la
universidad es una de las primordiales. Que cualquier niño colombiano tenga la
oportunidad de estudiar a un coste asequible.
Lógicamente el trabajo ha de venir de abajo hacia arriba
y al revés. Pero aquí, Robinson también señala un problema y, de nuevo, lo
ejemplifica hablando de las ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos). Destaca este autor que dicha organización
fracasó en su intento de interactuar con el estado. Es más, observó que “colapsó
en una orgía de desilusión y de líderes asesinados”. Esto es algo común por
aquellos lares, es decir, todo aquello que suene a organización sindical o
derecho de los trabajadores es tildado de comunista y de guerrillero, con lo
que no es infrecuente que desemboque en muertes y asesinatos de los líderes
obreros o agrícolas. En las ciudades no tanto, pero en el mundo rural sí se da.
Me gustaría destacar un último tema que también aparece
de forma velada en las columnas de este autor: la centralización del país. Me
atrevo a dar un paso más y señalar la centralización no sólo nacional, sino
departamental. Siempre afirmé que Colombia son dos, Bogotá y el resto. Lo sigo
manteniendo, aunque se puede matizar afirmando que existe un mundo en las
capitales de los departamentos y otro en el resto de las ciudades. Es importante
conseguir un desarrollo económico que permita sacar a las clases pobres
agrícolas de sus tierras mal aprovechadas y llevarlos a un despegue industrial
que se mantenga en el tiempo. Obviamente siempre y cuando vaya acompañado de un
avance en los derechos sociales. Los poderosos quieren seguir manteniendo en un
perfil bajo a la sociedad, puesto que dando migajas podrán continuar con sus
privilegios. Al pueblo lo que es del pueblo y a Dios lo que es de Dios.
Para tener una casa estable hay que tener unos cimientos
fuertes. Robinson y yo compartimos la misma opinión: desgraciadamente, el
Estado colombiano sigue sin ser fuerte, no es efectivo y presenta una debilidad
estatal. Muchos gobernadores e incluso alcaldes son meros señores feudales en
sus dominios. Esto no choca con la necesidad de descentralización, puesto que
ambas cosas son perfectamente compatibles.
¿Cómo se puede solucionar en gran medida todo esto que
expongo? Con educación, educación y educación.
jueves, 29 de enero de 2015
Café de Nariño en Starbucks
No hace muchos meses que la marca Starbucks desembarcó en Colombia, país cafetero por excelencia y en donde este producto lo simboliza. Muchas fueron las voces que se levantaron en contra de que esta empresa norteamericana desembarcase en la casa de Juan Valdez, aunque la previsión era terminar 2014 con seis tiendas, sólo en Bogotá. La verdad es que no me extrañaría que abriera una nueva tienda en la, posiblemente, ciudad más turística de Colombia, Cartagena de Indias.
No entraré sobre las ventajas o inconvenientes de que esta empresa abra sus puertas a los colombianos, aunque bien mirado no tiene porque perjudicar al comercio nacional. Desde Starbucks se dijo en todo momento que sólo consumirían el café de la tierra.
No sé si seré verdad, pero por lo menos en España es así. Y en la página web española de esta marca también lo promocionan.
En el centro comercial La Gabia, al sur de Madrid, me tomé ayer un cafetito y cual fue mi sorpresa cuando me encontré con este cartel en donde se promocionaba café del departamento de Nariño. Lógicamente, cuando me lo ofrecieron, acepté. Espero que esto no se dé únicamente en España y que "el mejor café del mundo" sirva como santo y seña del país del Sagrado Corazón.
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viernes, 9 de enero de 2015
Latinoamérica, sin liderazgos regionales
Uno de los analistas latinoamericanos que más me han gustan y que suelo seguir es Andrés Oppenheimer. Es el editor para América Latina y columnista del Miami Heralds y, además, analista político de CNN en español. Entre sus libros destaco el único, por el momento, que me he leído, ¡Basta de historias!, en donde muestra la obsesión latinoamericana por el pasado como forma de justificar en muchas ocasiones el presente.
Pues bien, traigo a colación a este analista tras haber leído su última columna. Hago mías parte de sus palabras. Se llama Latinoamérica, sin liderazgos regionales y salió en el periódico El Colombiano. Lo que viene a decir es que a día de hoy esta parte del mundo no encuentra un líder ideológico que aúne en torno a su persona a algunos o la mayoría de los países de la zona. Brasil, que podía serlo debido a su peso económico, ha dejado de serlo por los problemas de corrupción que ha de afrontar su presidenta Dilma Rousseff. En el lado contrario, de carácter populista, se encontraba Hugo Chávez, aunque su muerte lo puso justo por debajo de los dioses antiimperialistas, véase el Ché, Fidel Castro (y eso que aún no está muerto) o, salvando las distancias, Salvador Allende. Su sucesor, Nicolás Maduro, no es más que un quiero y no puedo.
¿Quién queda? México, aunque los problemas de narcotráfico y de violencia que asolan el país lo alejan mucho de liderar un supuesto y más que discutible despegue económico de Latinoamérica. Esto, para Oppenheimer, deja sin caudillos y salvadores de la patria a América atina, con lo que considera que, tras un tiempo en un segundo plano, Estados Unidos podrá volver a ocupar un papel preponderante en la política al sur del río Bravo.
Es complicado augurar la evolución de Latinoamérica en los próximos años, más aún cuando el descenso del precio del petróleo puede hacer bastante daño a tras economías como la venezolana, la brasileña y, en menor medida, a la colombiana. Lo que si me aventuro a decir es que, si desde Washington, se vuelve a mirar con interés hacia sus vecinos del sur, los movimientos populistas y los libertadores de medio pelo volverán a surgir como setas. Sin embargo, aunque tal posibilidad siempre está presente, la cruzada contra el islamismo radical es una lucha de primer orden que preocupa mucho más a las huestes gringas.
Repito, es difícil preverlo; la economía chilena, más que su presidenta o Colombia al norte de Sudamérica, tienen sendas oportunidades para liderar el despegue de la región. Eso sí, la única manera de que no sólo estas dos naciones, sino también el resto despeguen de forma considerable y se mantengan muchos años es que vayan reduciendo las tremendas desigualdades sociales que, sin darse cuenta, van aumentando. Amén de la lucha contra la corrupción. La reducción de la pobreza no implica el fin de la desigualdad. Con eso y con una unidad regional exenta de idioteces populistas, antiimperialistas y anticolonialistas. Así y sólo así, América Latina se convertirá en un referente económico mundial como ya lo son la Unión Europea o China.
Pues bien, traigo a colación a este analista tras haber leído su última columna. Hago mías parte de sus palabras. Se llama Latinoamérica, sin liderazgos regionales y salió en el periódico El Colombiano. Lo que viene a decir es que a día de hoy esta parte del mundo no encuentra un líder ideológico que aúne en torno a su persona a algunos o la mayoría de los países de la zona. Brasil, que podía serlo debido a su peso económico, ha dejado de serlo por los problemas de corrupción que ha de afrontar su presidenta Dilma Rousseff. En el lado contrario, de carácter populista, se encontraba Hugo Chávez, aunque su muerte lo puso justo por debajo de los dioses antiimperialistas, véase el Ché, Fidel Castro (y eso que aún no está muerto) o, salvando las distancias, Salvador Allende. Su sucesor, Nicolás Maduro, no es más que un quiero y no puedo.
¿Quién queda? México, aunque los problemas de narcotráfico y de violencia que asolan el país lo alejan mucho de liderar un supuesto y más que discutible despegue económico de Latinoamérica. Esto, para Oppenheimer, deja sin caudillos y salvadores de la patria a América atina, con lo que considera que, tras un tiempo en un segundo plano, Estados Unidos podrá volver a ocupar un papel preponderante en la política al sur del río Bravo.
Es complicado augurar la evolución de Latinoamérica en los próximos años, más aún cuando el descenso del precio del petróleo puede hacer bastante daño a tras economías como la venezolana, la brasileña y, en menor medida, a la colombiana. Lo que si me aventuro a decir es que, si desde Washington, se vuelve a mirar con interés hacia sus vecinos del sur, los movimientos populistas y los libertadores de medio pelo volverán a surgir como setas. Sin embargo, aunque tal posibilidad siempre está presente, la cruzada contra el islamismo radical es una lucha de primer orden que preocupa mucho más a las huestes gringas.
Repito, es difícil preverlo; la economía chilena, más que su presidenta o Colombia al norte de Sudamérica, tienen sendas oportunidades para liderar el despegue de la región. Eso sí, la única manera de que no sólo estas dos naciones, sino también el resto despeguen de forma considerable y se mantengan muchos años es que vayan reduciendo las tremendas desigualdades sociales que, sin darse cuenta, van aumentando. Amén de la lucha contra la corrupción. La reducción de la pobreza no implica el fin de la desigualdad. Con eso y con una unidad regional exenta de idioteces populistas, antiimperialistas y anticolonialistas. Así y sólo así, América Latina se convertirá en un referente económico mundial como ya lo son la Unión Europea o China.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Colombia en Cuenca
En España hay miles de colombianos; en Cuenca, la cantidad es un poquito menor, aunque sin errar mucho se puede decir que el número ronde entre los 350 y los 500. Reconozco que son más de los que pensé en un primer momento. A la par que su prensencia se ha ido haciendo más palpable, de manera paralela la presencia de multitud de elementos criollos también lo ha sido. He aquí algunos ejemplos.
Pero no son sólo ellos los que llevan la bandera tricolor a esta ciudad castellana. Con el deambular de los días muchos son los detalles que vislumbro relacionados con Colombia. Ya sea en artículos de consumo, libros u ocio. El primero de ellos es, ni que decir tiene, el producto que, posiblemente junto a las esmeraldas, constituye una de las joyas de la exportación colombiana. Este precioso bote de café lo vendían en un supermercado justo al lado de casa.
La siguiente foto es de las novedades adquiridas por la biblioteca municipal de Cuenca. El segundo libro es El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. Supongo que habrá más títulos de otros escritores de la tierra, como lógicamente, Gabriel García Márquez, pero como este libro me encantó, quise destacarlo en este blog.
Siguiendo con los rasgos colombianos en Cuenca, esta fiesta navideña es de digno análisis. De antemano comento que no fuimos pero más por olvido que por otra cosa. Aparte de esta cena colombiana, vi carteles similares pero para paraguayos, ecuatorianos y dominicanos. Lo que es seguro es que los asistentes a la lechona se mantuvieron despiertos hasta que el cuerpo aguantó. Sólo una cosita, no sabía que la lechona era del Tolima. ¿O es que hay de varios tipos?
Esta me encanta. Me la encontré justo al lado de unos institutos de Educación Secundaria. No tengo ni idea de porqué la pusieron y cual era el motivo, pero me llamó la atención. Cuenca es una pequeña ciudad de 55.000 habitantes y desconocía la existencia de un 'barrio latino'. Además, ¿cómo se relaciona eso de abajo los deberes con el supuesto barrio latino? A cuadros me quedé.
Con esta dos me río mucho. A la izquierda una colonia que se llama Kokoriko y la derecha lo que para un colombiano es el Kokoriko. Por estos lares europeos es una colonia -con un look nada acertado, por cierto-, mientras que allende los mares es una franquicia de pollo frito. ¡Para todos los gustos!
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miércoles, 23 de julio de 2014
James Rodríguez, el conquistador
El fichaje de James Rodríguez por el Real Madrid ha revolucionado el mercado de verano. Aunque su calidad era bien conocida, el mundial de Brasil 2014 significó el respaldo necesario que le catapultó al olimpo de los elegidos que son fichados por un Real Madrid o un Barcelona.
La llegada de James Rodríguez a Madrid levantó, como se dice en el argot periodístico, ríos de tinta. Tal es así que el Marca le dedicó cuatro páginas el 23 de julio, más las dos de la portada. La bandera colombiana luce orgullosa en la portada del periódico deportivo más vendido de España y la prensa lo define con un escueto pero clarificador "el conquistador".
Fueron 45.000 las almas que se acercaron al estadio Santiago Bernabéu para darle la bienvenida y agasajar a su nuevo héroe. Lógicamente la mayoría eran colombianos, aunque no faltaron muchos españoles. Eso sí, entre los cartelitos que llevaron los asistentes no faltó un recuerdo a Yepes y a su si/no gol, je je je. Se puede ver en la foto que agrego.
La expectación que trajo consigo el cucuteño tampoco se la quiso perder el embajador de Colombia en España, Fernando Carrillo, que tuvo su minuto de gloria en la presentación del furbolista. Hasta el presidente Juan Manuel Santos tuvo palabras de reconocimiento a la par que proponía confeccionar en Colombia las camisetas del Real Madrid con un letrero que diga 'made in Colombia'.
¿Y a partir de ahora qué pasará? ¿Será el Real Madrid el equipo "de toda la vida" de muchos compatriotas cafeteros?
Rincón y Congo. Dos colombianos ya se enfundaron la camiseta del Real Madrid con anterioridad, Freddy Rincón (1995-1996) y Edwin Congo (2001-2002). Ninguno de los dos llegó a triunfar, aunque su calidad era indiscutible. Esperemos que a James Rodríguez no le pase algo parecido y deleite a los seguidores del Real Madrid y del buen fútbol con sus regates y goles. Aquí pongo un artículo de la BBC en español en donde presenta cómo les fue a ambos jugadores.
Fotos: Marca
miércoles, 28 de mayo de 2014
Buscando a Bolívar
La primera vuelta de las elecciones colombianas ha dejado
al Juan Manuel Santos y a Óscar Iván Zuluaga, del partido de la Unidad Nacional
y Centro Democrático respectivamente, como únicos candidatos a ocupar la
presidencia del país.
Tras ellos quedaron Marta Lucía Ramírez, del Partido Conservador;
Clara López, del Polo Democrático Alternativo; y Enrique Peñalosa, de la
Alianza Verde.
El sistema electoral colombiano y, en general,
latinoamericano, no me gusta porque cada candidato a la presidencia, al senado,
al congreso o a una concejalía se han de pagar de su bolsillo la campaña
electoral, con lo que desde el primer momento se promocionan los pactos y, por
ende, la posibilidad de corrupción. Lo único que se necesita de un partido es
un aval.
Por otro lado, entrando ya en el análisis de la campaña
electoral, vi con asombro que en los debates televisivos el tema estrella era
la necesidad o no de continuar con el proceso de paz, es decir, mantener las
negociaciones con el grupo narcoterrorista de las Farc. Desgraciadamente fue una campaña sucia, en donde el
espionaje marcó el devenir de los días. En los mítines electorales se hablaba
más del contrario que de las propuestas para un mejor gobierno.
Lógicamente, el tema de las Farc es una constante en este
gran país. No puede hablarse de construcción nacional sin obviar a la guerrilla
más antigua no sólo de Latinoamérica, sino del mundo. El
último grupo terrorista que optó por dejar las armas fue el Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI), que firmó la paz con el Gobierno de Filipinas tras
30 años de muertes.
Entonces, por supuesto que el proceso de paz es importante, pero
¡no lo es más la desigualdad social, la ausencia de infraestructuras de
comunicación o la inexistencia de una sanidad y educación públicas! Y de esto
no hablaba casi nadie. Sólo lo vi en el programa de Clara López.
Por otro lado, los sueldos medios siguen siendo muy bajos. La inmensa mayoría de los empleados deben de mantener a sus familias con salarios escasos en comparativa con los que reciben sus jefes. De acuerdo con las cifras del Ministerio de Trabajo, el 42 por ciento de los ocupados colombianos no reciben ni siquiera un salario mínimo, es decir, 8,8 millones de personas no alcanzan a recibir 589.500 pesos al mes (226 euros). Y la inmensa mayoría de la masa laboral nacional no alcanza dos salarios mínimos.
¿Y la sanidad y la educación? Sigue estando en manos más privadas que públicas, con lo que la brecha social no sólo no disminuye, sino que aumenta.
¿Cuál es el problema? La necesidad del colombiano y del latinoamericano de buscar a un líder rígido, al caudillo, a la reencarnación de Bolívar. Tanto Santos como Zuluaga se vendieron como poderosos, como fuertes y con la capacidad de llevar por la senda de la seguridad al país. Eso no es malo, pero ¿no sería conveniente dar a todos los colombianos, independientemente de su origen social, la posibilidad de tener una sanidad y educación públicas y con calidad y la oportunidad de llegar a la universidad? ¿No sería bueno para el país que las carreteras mejorasen para facilitar el comercio y, por consiguiente, ayudar a la salida de los productos desde el interior? ¿No significaría mayor riqueza crear una infraestructura industrial con el fin de que los jóvenes no se tengan que marchar de Colombia para poder ejercer? Y, por supuesto, ¿no sería positivo que disminuyese la grieta salarial entre los colombianos? La riqueza que está entrando en los últimos años no se reparte de forma equitativa.
El colombiano medio no percibe que ese 4,5 por ciento de crecimiento se convierta en mejores carreteras, más sanidad y educación públicas, mayor seguridad en las calles, menos corrupción, mejores sueldos o más seguridad en la contratación laboral.
Menos caudillos y mucha más política social.
Foto: http://www.colombia.com/elecciones/2014/presidenciales/tarjeton/
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